jueves, 10 de septiembre de 2015

TRES FORMAS DE VER LA MODA - MARKETING Y MODA

Por María Victoria Retondaro

A lo largo de las décadas diversos autores han analizado el rol de la moda en los comportamientos sociales, desde las posturas grupales hasta las más actuales e individualistas.
A continuación se reseñarán tres comportamientos sociales; en base a los que se han diseñado herramientas de marketing, utilizados como técnicas de persuasión en la publicidad, en general, y para el sector de la moda, en particular.
Estos tres enfoques son: grupo de referencia (punto de vista aspiracional), grupo de pertenencia (punto de vista horizontal) e individualismo.

Thorstein Veblen en su “Teoría de la clase ociosa” (1899) incorporó los conceptos de “efecto demostración” y “grupos de referencia”, ampliamente utilizados en marketing: “…el patrón de gastos que guía generalmente nuestros esfuerzos no es el gasto medio ordinarios ya alcanzado; es un ideal de consumo que está fuera de nuestro alcance (…) o que exige algún esfuerzo para poder alcanzarlo (…) y toda clase (…) trata de emular a la clase situada por encima de ella en la escala social (…) esto quiere decir que nuestro patrón de decoro en materia de gastos, como en los demás aspectos donde interviene la emulación, lo establece el uso de quienes se encuentran inmediatamente por encima de nosotros en punto a reputación…”
Las personas nacen en una clase social pero aspiran a ser de una clase social superior, para ello – entre otras cosas – tratan de imitar lo que la clase a la cual aspiran ser, hace, dice, come, se viste, lee, etc.
Esta postura del “grupo de referencia” fue evidenciada por Gabriel Tardé, George Simmel, Pierre Bordieu, Jean Baudrillard.
En este comportamiento social se basa el marketing, utilizando el enfoque aspiracional en innumerables ocasiones: sobre todo en el sector automovilístico, perfumería, moda, turismo...Son incontables los anuncios encarnados por los “happy few” con vidas, casas, coches y familias ideales. La publicidad aspiracional puede tener ese efecto (deseado por la compañía que hay detrás) de hacernos pensar que por comprar y utilizar un producto accederemos a ese mundo de fantasía y perfección, inalcanzable para la mayoría.

Al contrario del grupo de referencia, el comportamiento de grupo de pertenencia se rige por un punto de vista horizontal, por la identificación entre pares y con tribus urbanas específicas. Esta propuesta considera que lo importante es la pertenencia del individuo a uno o varios grupos o tribus. Frente a la idea de separación de Veblen, Maffesoli habla del concepto de integración, una integración emocional que nos lleva a unirnos a distintos grupos de pertenencia que se van alternando a lo largo del tiempo. Para pertenecer a estos grupos, hace falta estar identificados con ellos (misma música, mismas bebidas, mismos lugares, misma ropa...), pero siempre marcando algúna diferencia. Nos vestimos muy parecidos pero no exactamente iguales. Se da la ambivalencia de igualmente diferentes.
Este comportamiento se refleja en la publicidad, se observa a menudo que las compañías se dirigen a un target aprovechándose de una tendencia grupal. En los últimos años hemos visto compañías que se han hecho eco de la moda hipster, innumerables anuncios enfocados a los grupos de hinchas de un equipo de futbol, a los “yuppies”, a los “modernos”. Sea cual sea el grupo al que se dirige, la tribu urbana a la que intenta seducir, está claro que este recurso es una herramienta de persuasión útil para las empresas, simpatizando así con un target deseado.

Por último, el autor Gilles Lipovetsky, en su libro El imperio de lo efímero, la moda y su destino en las sociedades modernas, explica una postura muy actual: “En nuestros días vestimos más para nosotros mismos y más en función de nuestros propios gustos que en función de una norma imperativa y uniforme”. Asegura que no hay ni influencia vertical ni horizontal, que los consumidores son cada vez más autónomos y menos leales a las marcas establecidas.
Gracias a que los estrictos límites entre clases sociales que existían en las sociedades occidentales hace más de cien años se hayan ido diluyendo paulatinamente, la movilidad social ha sido una realidad creciente en todas las sociedades. Las personas se han vuelto más individualistas, importa menos la clase social y otros elementos de agrupamiento forzado como la familia o la religión de nacimiento. Somos personas cada vez más libres y en base a esa libertad, nos sentimos menos sujetos a reglas e imposiciones, al “statu quo”. 
Este comportamiento se ve habitualmente en el ámbito de la moda: gracias al surgimiento del Prêt-à-porter la idea de que la ropa nos distingue empezó a perder poder. El consumo se ha democratizado hace años y sirve en menor medida para mostrar la clase social a la que se pertenece.
Surgen marcas transgresoras, enfocadas a nichos de mercado, en el caso de los perfumes se crean perfumes unisex con ingredientes fuera de lo habitual, packaging que va en contra de lo que serían las buenas prácticas en POS (Frascos que no se sostienen, perdiendo así visibilidad en el punto de venta) y colecciones que pocos se atreven a utilizar.
El consumo ha dejado de ser una actividad para la búsqueda del reconocimiento social y ahora lo es para el bienestar personal, la funcionalidad y el placer en sí mismo.

domingo, 6 de septiembre de 2015

LA AFICION NATURAL AL LUJO -Henri Baudrillart - Economía de la Cultura

Por Claudia Costaguta



“No tengo ninguna inclinación particular por el lujo. Simplemente la de pensarlo”. Gilles Lipovestky



Henri Baudrillart expone en su “Historia del Lujo” que el hombre manifiesta una afición natural por el lujo que es exteriorizada a través de su “amor” por los adornos personales o de sus entornos, manifestado desde la antigüedad. Pero ¿cuál es la naturaleza de esa afición?



Para este autor el orgullo o sus “matices”: amor propio y vanidad son los principios sobre los cuales se construye el lujo.

Los hombres desean distinguirse dentro de sus grupos sociales, por todos los medios posibles: su inteligencia, su origen de nacimiento, su poder, su riqueza…

En el caso de la riqueza en particular, destaca una frase de La Bruyère (escritor y moralista francés) (http://www.academie-francaise.fr/les-immortels/jean-de-la-bruyere):

“…Hacer fortuna es una frase de uso universal. Se la conoce en todas las lenguas, reina tanto en la corte como en el pueblo; ha perforado los muros de los claustros de las abadías; no hay lugares sagrados donde no penetre; punto del desierto o de la soledad donde sea desconocida…”

Baudrillart observa que: Entre todas “las superioridades”, la riqueza es la más apreciada, la más visible y la más difícil de desafiar. Ninguna otra se traduce de una manera tan brillante por ciertos signos, que no son otros que el lujo mismo.

El hombre rico quiere evidenciar su riqueza y aún aumentarla. De modo similar el pobre querrá parecer que no lo es tanto, y esto no es imposible porque aunque la “riqueza no se presta” sus signos pueden ser imitados.

Este tipo de vanidad, no cesa en la búsqueda de un bien muy apreciado por los hombres, la opinión del otro.

El consumidor busca adquirir objetos raros y difíciles de alcanzar, entre otras razones, porque su exhibición causará un impacto en los demás.


Estas ideas has sido desarrolladas con posterioridad por otros autores: T. Veblen; G. Tarde; P. Bordieu; G. Simmel y contemporáneamente por J. Baudrillard; G. Lipovestky; Y. Michaud.

La Imitación; la Distinción; la pertenencia a un grupo social que establece ciertas pautas de consumo; han pasado a incluir también conductas más individuales: la apreciación de la estética; el deseo de poseer cosas bellas; o de vivir experiencias diferentes por el placer que causa a cada persona.

Estos comportamientos, junto a factores económicos; culturales; demográficos, entre otros, han conllevado paulatinamenten a la expansión de los mercados de productos con mayor nivel de sofisticación, cada vez más accesibles a más individuos, desde la ropa al turismo; o desde las emociones derivadas de asistir a un concierto o visitar un museo.

miércoles, 29 de julio de 2015

HISTORIA DEL LUJO - Henri Baudrillart - Economía de la Cultura

Por Claudia Costaguta


El interés por reseñar algunos aspectos de esta obra de Baudrillart se centra en dos aspectos principales: es la primera publicación que realiza un recorrido exhaustivo del lujo a través de diferentes etapas históricas; y, en la descripción de los comportamientos sociales que serán retomados por autores posteriores entre los que pueden citarse: Gabriel Tarde, Thorstein Veblen, Pierre Bourdieu y más recientemente Giles Lipovetsky, Yves Michaud.
Henri Joseph Baudrillart (1821-1892), fue un economista francés de la escuela liberal. Estudió en el Colegio Bourbon, allí recibió el primer premio de filosofía por su Discurso sobre Voltaire (1844). En 1847 fundó junto a otros colegas la Sociedad Democrática de los Libres Pensadores.
Desde 1852 fue designado como profesor asistente en la cátedra de Economía Política en el Colegio de Francia; acompañando al profesor Michel Chevalier fundador del Journal des Economistes, la principal publicación difusora de las ideas liberales en economía del SXIX. Entre 1855 y 1864 se desempeñó como redactor en jefe  de dicha publicación.
Fue elegido miembro de la Academia de Ciencias Morales y Políticas en 1863.
En 1866 al crearse una nueva cátedra de Economía Política en el Colegio de Francia, fue designado como titular.
Con posterioridad, desempeñó el cargo de Inspector General de Bibliotecas y estuvo al frente de otras cátedras de Economía Política.
Entre sus principales publicaciones, caracterizadas por su profundidad de análisis, pueden citarse: Discurso de Voltaire (1844); Jean Bodin y su tiempo (1853); Manual de Economía Política (1857); Estudios de Filosofía Moral y de Economía Política (1858); Historia del lujo privado y público: desde la antigüedad hasta nuestros días (1878-1880); Lecturas elegidas de Economía Política (1884); Las poblaciones agrícolas de Francia (1885).

En el prefacio de su Historia del Lujo Baudrillart explica que:
En 1866 realizaba el curso de “Historia de los hechos y las doctrinas económicas” en el Colegio de Francia, en el que incluyó como tema la cuestión del lujo; que "estaba a la orden del día". El desarrollo del lujo era una preocupación para la opinión pública. El teatro lo mostraba unido a la especulación. Lujo privado y público recibían un tratamiento a favor o en contra en libros y otras publicaciones.
Bernardo de Mandeville (1729) señaló en rol positivo del lujo en “La fábula de las abejas”. Montesquieu (1748) analizó en “El Espíritu de las Leyes” que la máxima ventaja del lujo desde el punto de vista económico es el entrelazamiento progresivo entre ricos y pobres y el perfeccionamiento de las artes.
Baudrillart explica que no existía hasta el momento una historia del lujo como tal, sino escritos parciales sin vínculos entre ellos y sin una relación significativa con la sociedad cuyo lujo era el reflejo de un estado moral, político y económico. Por ello se propuso realizar un exhaustivo y riguroso análisis que respaldara su obra.
"...Estos desarrollos históricos me atrayeron singularmente. Decididamente el tema me conquistó más de lo que yo mismo hubiera creído....Así fue como que la materia de un curso con una duración de un año solamente, devino en un libro del que no pude cesar de ocuparme durante doce años. El libro que en principio tendría un volumen, después dos, terminó en cuatro volúmenes..."

jueves, 23 de julio de 2015

CONSUMO ESTETICO, LUJO, ARTE - Economía de la Cultura



Por Claudia Costaguta



“Estamos en la época del capitalismo artista” afirma el filósofo y sociólogo Giles Lipovetsky, “un sistema que incorpora de manera continua la exigencia estética en todos los sectores de consumo, incluso en los objetos utilitarios” “No hay un solo objeto, aunque sea utilitario, cuya forma color y hasta textura hayan sido diseñados minuciosamente. El diseño ha conquistado el territorio de los olores, el tacto y hasta el sonido…los mensajes van dirigidos a las fantasías del consumidor”

¿Cuál es el origen de esa estetización de los gustos de los consumidores? En el ámbito privado, la compra de bienes estéticos provoca una sensación de gratificación o placer. Desde lo público todo consumo que es observado por la sociedad tiene un efecto sobre el estatus de las personas. Si los individuos acceden a una mayor cantidad de bienes y a una mejor calidad de los mismos, y esto es percibido por los demás, elevará su posición social relativa: la distinción.

Las empresas sólo pueden satisfacer ese deseo de adquirir “belleza” de los consumidores incorporando innovación y diseño en sus productos. Aún sofisticando el más simple de los productos. Baste con pararse a observar por ejemplo el lineal de la leche (un producto básico) de un supermercado. ¿Cuántas variedades se ofrecen en la actualidad? Variedad en sabores, en el packaging, desde tetrabrics y botellas simples de marca blanca a otros envases más ergonómicos y más estéticos con un gran trabajo de diseño gráfico ¿Cuántas presentaciones se ofrecían hace unas pocas décadas atrás?

“Después del arte para los dioses, el arte para los príncipes y el arte por el arte, lo que triunfa ahora es el arte para el mercado” (Lipovetsky y Serroy)

El gusto por la estética y el lujo en los productos se ha ido extendiendo en forma paulatina a casi todos los sectores. El lujo que hace siglos sólo podía ser alcanzado por un pequeño porcentaje de la población, por restricciones económicas, políticas, religiosas, sociales; en la actualidad es accesible para un considerable porcentaje de la población mundial, ya que se han desarrollado distintos  conceptos y categorías de lujo.

Los conceptos de arte, lujo, consumo de bienes culturales, se interrelacionan y se han desarrollado a lo largo de toda la historia de la humanidad. Distintos autores han abordado esta temática, entre ellos el economista francés Henri Braudillart – citado por Yves Michaud en su libro El nuevo Lujo -. Braudillart editó en 1878 Histoire du Luxe (Historia del Lujo), cuyos contenidos de mayor interés serán reseñados en próximas entradas al blog, así como temas relacionados con la economía de la Cultura.