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sábado, 19 de enero de 2013

EL COSTE DEL TIEMPO Y LAS COMIDAS FUERA DEL HOGAR

                              Artículo publicado en "El Ecomista"el 17 de diciembre de 2012


Por cuarto año consecutivo se ha registrado un descenso en el gasto medio que las familias españolas destinaron al consumo de alimentos y bebidas fuera del hogar. Este dato proveniente de la Encuesta de Presupuestos Familiares del INE revela que de los 3.045€ gastados en promedio por hogar en 2007 en el sector de la restauración, se pasó a 2.488€ en 2011 (último dato disponible), representando una caída del 18% en todo el período.
El economista Gary Becker en su trabajo “Una teoría de la asignación del tiempo” analizó el coste de oportunidad entre el nivel de ingresos y el tiempo destinado a las tareas domésticas por parte de las familias, destacando la importancia del valor del tiempo en los procesos de consumo. Este autor explica que cada hogar es una unidad productiva de bienes domésticos; por ejemplo compra alimentos y utiliza parte de su tiempo para elaborar las comidas familiares, siendo una de las alternativas a estas acciones salir a comer fuera de casa.
Dado que el valor económico de un bien es su precio de compra más el tiempo de consumo, a medida que el nivel de ingresos de las familias aumenta, el  tiempo empleado en la producción doméstica de bienes es más caro. Las  comidas preparadas en la casa son un bien tiempo-intensivo pues requieren de la realización de su compra, su elaboración y su consumo. Por tanto ante incrementos en los ingresos, resulta más rentable ir disminuyendo su producción familiar e incrementar paulatinamente la demanda de comidas en el sector de la restauración.
El caso actual de España refleja claramente la situación opuesta: la reducción del consumo de comidas fuera del hogar, derivado de la caída del nivel de ingresos familiares, proceso correlacionado con una creciente tasa de desempleo. Tal como explicó Becker: “…Los trabajadores en desempleo no sólo tienen rentas más bajas sino también costos de oportunidad más bajos y, por consiguiente, más bajos precios relativos del tiempo…”
La disminución del consumo en el sector de restaurantes y bares ha sido muy diferente para los distintos grupos de edad. Esto se puede observar a través de diversos estudios realizados para 2011 por el Observatorio de Consumo de la Distribución Alimentaria y FIAB  sobre los hábitos, el comportamiento actual y las tendencias del consumo alimenticio fuera del hogar, que concluyen que:
  • Todos los segmentos entrevistados, buscan alternativas al consumo en el sector de la restauración o plantean formas de reducir el gasto en sus salidas. Ya sea reduciendo el gasto de consumo en los locales al optar por platos más económicos, al sustituir el vino por cerveza, o por agua, o al no pedir postre; suprimiendo salidas a lo largo de la semana para hacerlas durante el fin de semana; o directamente reuniéndose en la casa con los amigos. 
  • Tres de cada diez encuestados ha dejado de comer en restaurantes durante la jornada laboral o de estudios, optando por llevar la comida desde su casa (“efecto tupper”). En general se trata de mujeres y de jóvenes (18 a 35 años).
  • En el segmento de jóvenes entre 18 y 35 años, el tique por comensal es aproximadamente un 10% inferior a la media de todos los grupos (y menor respecto al año anterior). Se verifica que 6 de cada 10 salidas a cenar se realizan en establecimientos de cadena aprovechando promociones. 
  • El segmento de 36 a 45 años, suele seguir frecuentando los mismos sitios por familiaridad y buen trato, pero han disminuido la frecuencia de sus salidas. 
  • El segmento de adultos a partir de 46 años es el grupo que mantiene más estable su consumo extradoméstico con respecto a momentos anteriores, aunque muestran preocupación e incertidumbre por su futuro y el de los hijos. Su tique por comensal es más alto que la media de todos los segmentos. Concentran sus salidas en los fines de semana.

Se estima que la disminución del consumo en restauración, observada hasta el año 2011 persiste en la actualidad, pues las variables que explican este proceso se han continuado acentuando: la disminución del ingreso de las familias y el aumento del desempleo.
El sector de la restauración no ha sentido en toda su magnitud este impacto negativo, pues el mismo se ha visto muy parcialmente atenuado por el incremento del número de turistas extranjeros que han visitado España en los últimos dos años.

sábado, 29 de diciembre de 2012

AUSTERIDAD. VALOR EN ALZA EN TIEMPOS DE CRISIS ECONOMICA


Artículo publicado en  el "Diario de Navarra" el 14 de diciembre de 2012
                         

                                   “…Es de necios confundir valor y precio…”  Antonio Machado


Los consumidores se enfrentan continuamente a un proceso decisorio  para seleccionar los bienes o servicios destinados a satisfacer sus necesidades. Ante un conjunto de opciones la elección de determinado producto se basa, entre otros elementos, en el concepto de valor asignado al mismo.



El valor de un producto tiene carácter subjetivo y está relacionado con su utilidad para satisfacer determinadas necesidades. El precio de mercado está expresado por la cantidad de unidades monetarias que se deben entregar para obtener una unidad de ese bien o servicio.

La elección de un producto por parte del consumidor, implica la evaluación simultánea entre su valor y su precio. Se supone que de contar con los recursos monetarios, el demandante comprará aquellos bienes cuyo valor supere el precio a pagar.



¿Cuáles son los factores que pueden determinar que un consumidor desista de adquirir un producto cuyo valor es superior al precio, aunque disponga de los recursos necesarios? Existen al menos dos componentes que se añaden a la hora de evaluar el costo del producto a comprar, al margen de los costos de financiamiento o de mantenimiento del mismo.



En primer lugar el costo del tiempo relacionado con el consumo de ese bien o servicio. El consumidor efectúa un análisis costo/beneficio asignando al tiempo un valor monetario correlacionado con los ingresos potenciales que podría obtener durante ese período. Cuanto mayor sea su capacidad de generación de ingresos, mayor es el valor otorgado al tiempo; costo que disminuye en épocas de recesión.



En segundo término están los denominados costos de transacción relacionados con los gastos propios del proceso de compra, más allá de su precio. Por ejemplo, el tiempo necesario para averiguar dónde se vende y a qué precios, los costos de negociación y de supervisión del cumplimiento de lo acordado, o de ejecución de la garantía por devolución del producto. Estos costos evidencian una tendencia a la baja como consecuencia de la disminución de los costos de búsqueda de información. Mediante Internet es posible comparar los precios y ofertas disponibles tanto de hoteles, seguros para el coche o supermercados.



¿Qué sucede con el consumo en épocas de crisis económica, luego de varios años de recesión continua? Las familias en general disponen de menores ingresos – ya sea porque han quedado desempleados, se han reducido sus ingresos reales, o los negocios autónomos generan menos beneficios –  llevando a una reducción y a un cambio en los gastos. Aquellos hogares que han mantenido o aumentado sus ingresos, se muestran precavidos, por el temor a perder ingresos futuros y por el “efecto pobreza”. Hoy los activos – inmuebles y financieros– valen mucho menos y el stock de riqueza es sustancialmente menor, aunque para el 12% de los hogares los ingresos corrientes hayan crecido; por tanto son más cautos a la hora de gastar. Según la encuesta de presupuestos familiares del INE, los gastos medios por hogar han retrocedido más del 10% entre 2008 y 2011, tendencia que se mantiene el año en curso como evidencia la evolución de las variables macroeconómicas.



¿Cómo afectan las situaciones recesivas a la forma en que las familias valoran los bienes económicos? Se observan, al menos dos tipos de cambios:

En primer lugar, los hogares se concentran en satisfacer las necesidades básicas, privilegiando la racionalidad en las compras, postergando ahora el consumo de bienes con valor simbólico social, mediante los cuales se pretendía generar una imagen favorable ante los demás.

La demanda prioriza a los bienes de primera necesidad o a las características básicas de productos, eliminando los opcionales sofisticados. Hoy los consumidores son cautos y reflexivos, comparan precios, buscan ofertas y promociones. El concepto de valor asignado ha variado, muchos compradores valoran hoy de igual manera a los productos de menor precio y a las alternativas más caras, considerando que la calidad ofrecida es comparable entre ambos. Esto se observa en el gran crecimiento de ventas de las marcas blancas de distribuidores.

En general, se han sustituido marcas, productos, y lugares de compra; se va más veces a comprar, para traer lo más necesario. Se han eliminado consumos superfluos y otros se han reducido, por ejemplo las vacaciones son más cortas y, a destinos más accesibles; se hacen más reuniones en las casas y, se va menos a comer afuera. Se realizan más reparaciones de los bienes durables para postergar su recambio, como se observa con los coches que en cuatro años han bajado sus ventas a casi la mitad.



En segundo lugar se ha incrementado el valor social de la austeridad, y su correlación en el ahorro. En medio de la actual crisis económica se considera que el consumismo y la ostentación no son valores positivos. Parecería que como sociedad debimos alcanzar el 25% de desempleo, para comprender que se deben evitar el endeudamiento masivo y el gasto excesivo.

domingo, 6 de mayo de 2012

LA CLASE MEDIA Y EL CONSUMO DE BIENES DE LUJO


…"cada vez que uno de nosotros vacila entre dos formas de hablar, dos ideas, dos creencias, entre dos modos de obrar, tiene lugar una interferencia de irradiaciones imitativas que parten de focos diferentes extremadamente distintos uno de otro, con frecuencia en el espacio y en el tiempo, es decir, focos inventores, imitadores, individuales y primitivos que se han propagado hasta él […] ¿Cuáles son las influencias que lo deciden? Estas influencias […] son de dos clases: lógicas y extra lógicas. Debo añadir que estas últimas son también lógicas en cierto modo, porque cuando, por ejemplo, el plebeyo copia al patricio, el provinciano al parisièn (esto es lo que yo llamo el torrente de la imitación de abajo a arriba en la escala social), la imitación, por ciega (p.42) que haya sido, tiene por móvil una presunción de superioridad aplicada al ejemplo del modelo que cree ejercer una autoridad social sobre él…” Gabriel Tarde – Las leyes sociales – 1898.

En este artículo se caracterizarán los mercados de productos suntuarios, con especial énfasis en “el nuevo lujo y el prestigio de masas” (masstige), las principales razones explicativas del surgimiento de los mismos y del comportamiento de los consumidores.

Los integrantes de la clase media que cuentan con un buen nivel educativo, y pueden viajar a terceros países con relativa posibilidad, evidencian dentro de su canasta de consumo una creciente participación porcentual de bienes y servicios que evocan los consumos de las clases altas.

Muchas empresas, por tanto, vienen desarrollando desde hace tiempo estrategias específicas  de producción y marketing dirigidas a captar el interés de este segmento de la población, ofreciendo bienes y servicios de prestigio a precios relativamente altos, pero accesibles a sus presupuestos.

Los consumidores de clase media, tratan de incorporar en este proceso, dos grupos de productos, denominados:

- “Nuevo lujo o premium accesibles”,
- “Prestigio de masas o masstige”,

Ambas categorías revelan una disposición al pago de entre un 20% y un 200% superior que por sus sustitutos, según un estudio de Michael Silverstein y Neil Fiske (Lujo para las masas, Harvard Business Review, 2003). Dentro de los bienes y servicios suntuarios, dichos autores diferencian tres categorías:

Las tradicionales marcas de “viejo lujo”: Son aquellos productos que se distinguen por su diseño, calidad, durabilidad, innovación, desempeño y muy elevado precio. Los ciclos de vida de estos productos suelen ser muy largos, en parte porque la tradición puede tener un valor pero además para resguardar el excesivo costo hundido que ha realizado el consumidor en la compra de ese bien. Sus características centrales son la exclusividad y extrema escasez, de modo que las personas que acceden a ellos se diferencian claramente del resto de sus semejantes. Su consumo está restringido a grupos de muy altos ingresos, quedando las clases medias fuera del acceso a estos mercados. Son ejemplos de estas marcas: Ferrari, Rolls Royce, Patek Phillipe, Ritz Hotel, Hermes.

“Premium accesibles, o nuevo lujo”: Estos bienes y servicios se ubican próximos al escalón máximo del rango de precio para su categoría; no obstante los consumidores de la clase media pueden llegar a adquirirlos porque son accesibles a sus presupuestos. Los demandantes los perciben como productos muy diferenciados a partir de ciertos elementos como los detalles artesanales, el packaging, su publicidad, el cuidado de sus puntos de venta, la atención al cliente, entre otros. Son bienes aspiracionales, ya que el comprador  adquiere una sensación y mantiene un vínculo emocional con la marca. Algunos ejemplos de esta categoría serían: BMW, Louis Vuitton, Mont Blanc.

“Prestigio de masas, o masstige”: Estos bienes se posicionan entre los conceptos de bien convencional y premium. Si bien conllevan un sobreprecio respecto a los productos básicos, tienen un costo mucho menor que los productos “Premium”. Aunque su  oferta es amplia, tratan de mantener características diferenciadoras respecto a los productos corrientes: ofreciendo más calidad, más variedad o diseños más elaborados. Brindan una gratificación a sus compradores. Pueden mencionarse como ejemplos: Starbucks, Nespresso, Massimo Dutti, algunas colecciones de H&M.

Cabe destacar que estas últimas dos categorías son más flexibles, y sería usual que productos Premium desarrollen ofertas para el sector mastigge.

Aún en recesión las familias continúan comprando bienes y servicios de nuevo lujo. Los consumidores tienden a gastar más y adquirir productos Premium o de prestigio de masas, en categorías que para ellos son de importancia, aunque disminuyan el gasto en las categorías que consideran menos relevantes.

Durante 2011, se ha registrado un aumento de la demanda del café en cápsulas de la marca Nespresso. En España se han abierto más del doble de tiendas que las existentes en 2010, alcanzando 55 boutiques; es el mercado con mayor número de Boutiques Nespresso del mundo, representando el 21% de la red global. Según Vincent Termote, Director General de Nespresso para España y Portugal, “vamos a continuar estando cada vez más cerca de aquellos consumidores que desean disfrutar de la experiencia de un café perfecto. Una cercanía física, incrementando la cifra de puntos de venta y recogida de cápsulas y una cercanía personal, haciendo que, cada vez más, disfruten de su experiencia Nespresso de una forma totalmente exclusiva y personalizada”.


Motivaciones de los compradores.

¿Qué motiva en los consumidores el comportamiento, por el cual aceptan pagar mucho más por un bien o servicio? Por ejemplo, comprar un pote individual de helado Haagen Dazs, en reemplazo de un pote familiar de helado Frigo.

La respuesta está dada por una combinación de factores objetivos y subjetivos. Entre los primeros pueden mencionarse: un plus de diseño; la incorporación de detalles artesanales aún en bienes estandarizados; el packaging atractivo; la tecnología incorporada; la garantía; la mayor cobertura del servicio de postventa; o su condición de sustentabilidad.

Para analizar los factores subjetivos, es necesario diferenciar entre los ámbitos de actuación de los individuos: “privado y  público”. En lo privado, la compra de bienes premium o masstige provoca una sensación de gratificación en los consumidores, estableciéndose un “lazo emocional” más fuerte que con otros bienes, conllevando su disposición a pagar más por ellos.
Desde lo público todo consumo que es observado por la sociedad tiene un efecto sobre el estatus de las personas. Si los individuos acceden a una mayor cantidad de bienes y a una mejor calidad de los mismos, y esto es percibido por los demás, elevará su posición social relativa.

Dentro de los factores subjetivos en el ámbito público, se suele destacar la variable “marca” del producto por la connotación social que tiene su visibilidad ante terceros. Los consumidores generan una relación tan compleja con las marcas que, además, crean en el ámbito de lo privado “lazos emocionales” con las mismas. Asimismo, son un elemento objetivo para determinar la compra de un bien o servicio. En este sentido, distintas investigaciones analizan a la marca como un medio de información que permite “economizar” tiempo de búsqueda en los procesos decisorios de compra. Si bien ésta, es una función de las marcas en general, se revela de interés para los bienes analizados en este artículo, en particular, dado que en su mayoría se trata de compras de tipo discrecional y suelen requerir una mayor cantidad información y por ende un período más prolongado en su proceso de decisión de compra.

Factores económicos, sociales  y culturales.

Entre los principales factores explicativos del desarrollo de los mercados de productos “Premium y de prestigio de masas”, pueden mencionarse:
-          El crecimiento del PIB per cápita. Si bien este comportamiento se ha registrado en  forma sostenida desde el inicio de la Revolución Industrial - demostrado por las investigaciones de Angus Maddison -, a partir de la Segunda Posguerra Mundial ha evidenciado un incremento en su tasa de variación generando una numerosa clase media en los países desarrollados. En la última década, la tasa de crecimiento económico ha sido muy superior en los países emergentes, que están insertando anualmente 70 millones de nuevos consumidores a la clase media mundial.
-          La incorporación de la mujer al mercado laboral con niveles educativos más elevados e ingresos crecientes.
-          El aumento de los hogares unipersonales, ya sea por la mayor edad promedio al casarse, o por la mayor tasa de divorcios; que incrementa el ingreso disponible para el consumo de bienes y servicios.  
-         El mayor nivel educativo e informativo alcanzado por los agentes económicos, junto con el incremento de los desplazamientos internacionales generan consumidores abiertos a nuevos gustos y preferencias.
-        El crecimiento económico dentro de sistemas con una elevada movilidad social donde las clases sociales emergentes tienden a imitar patrones de comportamiento evidenciadas de las clases aspiracionales – grupos de referencia –

Es en este sentido que Thorstein Veblen, incorpora en su obra “Teoría de la clase ociosa” los conceptos de “efecto demostración” y “grupos de referencia”, ampliamente utilizados en marketing:
“….el patrón de gastos que guía generalmente nuestros esfuerzos no es el gasto medio ordinarios ya alcanzado; es un ideal de consumo que está fuera de nuestro alcance (…) o que exige algún esfuerzo para poder alcanzarlo (…) y toda clase (…) trata de emular a la clase situada por encima de ella en la escala social (…) esto quiere decir que nuestro patrón de decoro en materia de gastos, como en los demás aspectos donde interviene la emulación, lo establece el uso de quienes se encuentran inmediatamente por encima de nosotros en punto a reputación…” Thorstein Veblen, Teoría de la clase Ociosa, 1899.

martes, 3 de abril de 2012

LAS COMIDAS FUERA DEL HOGAR Y EL CICLO ECONOMICO

La Revista Distribución y Consumo del 1º bimestre de 2012 publicó un estudio del profesor Víctor Martín Cerdeño, que analiza el nivel de actividad del sector de la restauración española, tomando como referencia distintos análisis cualitativos y cuantitativos desarrollados durante los últimos meses. Hemos seleccionado este artículo por ser un claro ejemplo, dentro de una amplia bibliografía, de la interrelación entre la evolución del nivel de ingresos de las sociedades y las modificaciones en sus hábitos de consumo.

Los alimentos son bienes básicos, cuya participación porcentual en los presupuestos familiares ha registrado una paulatina disminución, correlacionada negativamente con la variación en el nivel de ingresos de la población. Los gastos en alimentos y bebidas han crecido en términos reales, pero participación en el consumo de las familias ha disminuido al evidenciar una elasticidad ingreso de la demanda inferior a la unidad.

Este comportamiento se relaciona con el aporte realizado por Ernst Engel, economista dedicado a la estadística, que en el S XIX enunció que “cuanto más pobre es un individuo, una familia o un pueblo, mayor ha de ser el porcentaje de su renta necesario para el mantenimiento de su subsistencia física y, a su vez, mayor será el porcentaje que debe dedicarse a la alimentación”.

La ley de Engel indica que ante incrementos en los ingresos reales, las familias aumentan el consumo, pero en distinta proporción entre los bienes, aumentando menos que proporcionalmente el gasto en artículos de primera necesidad, y aumentando más que proporcionalmente la demanda de bienes superiores. Los productos de alimentación por su carácter básico quedarán relegados, según dicha ley, a un segundo plano cuando se producen incrementos de la renta. Sin embargo, los hogares dedicarán porcentajes crecientes de sus ingresos al consumo de alimentos en el sector de la hostelería y restauración (bienes superiores) no sólo por satisfacer la necesidad de alimentación, sino también por los servicios añadidos que éstos suponen (ocio, esparcimiento, atención), y como resultado de un análisis costo-beneficio del uso del tiempo por parte de las familias.

El economista Gary Becker, en su trabajo “Una teoría de la asignación del tiempo”, analiza el coste de oportunidad en términos de ingresos, que tienen diferentes actividades para los agentes económicos. Bajo este enfoque la unidad familiar puede optar entre producir los bienes para su consumo, por ejemplo, los alimentos, o demandarlos en la restauración. A medida que el nivel de ingresos de las familias se incrementa, el costo del tiempo invertido en la producción doméstica de bienes aumenta y por tanto se eleva la demanda extradoméstica de dichos bienes. Esta teoría ha sido muy utilizada para explicar el aumento de los gastos familiares en Alimentos preparados y comidas tomadas fuera del hogar. El caso actual de España, es un claro ejemplo de reducción de este tipo de consumos derivado de la caída del nivel de ingresos de las familias.

Las estadísticas revelan que durante el año 2011, el sector de la restauración española experimentó una disminución en su nivel de actividad. Los análisis de evolución de este mercado efectuados por el grupo NPD, indicaron que en el tercer trimestre del 2011, respecto al mismo periodo del año anterior, las ventas totales disminuyeron un 5,4%, las visitas un 4,2% y el tique medio un 1,2%. Frente a estas cifras del mercado español, en igual período las ventas aumentaron en Alemania (2,7%), Francia (2,4%) e Italia (0,8%).

Los resultados enumerados en el artículo, se detallan a continuación:

1. El estudio sobre Hábitos alimenticios fuera del hogar realizado en el marco del Observatorio de Consumo de la Distribución Alimentaria (MARM, 2011), sobre una muestra de 800 consumidores entrevistados telefónicamente, refleja que:

  1.  El 31,5% de los encuestados ha dejado de comer en restaurantes durante la jornada laboral o de estudios, optando por llevar la comida de su casa (efecto tupper). En general se trata de mujeres y jóvenes. (20 a 25 años)
  2. El 13% reconoce haber modificado sus hábitos de consumo fuera del hogar durante 2011,  entre ellos un 91,6% ha disminuido la frecuencia de salidas; un 87,2% también ha reducido el monto de gasto, y un 34% ha cambiado el tipo de establecimientos frecuentados. Los hombres disminuyeron más significativamente la frecuencia de salidas, y los jóvenes (20-35 años) han variado de establecimiento y, reducido el gasto en restauración.

2. La investigación Comportamiento actual y tendencias del consumo fuera del hogar, realizada con la técnica de “focus group” sobre 8 grupos con 7 a 9 participantes y 4 minigrupos (4 a 6 participantes en Madrid y Barcelona; revela:

  1. La pérdida del empleo o las dificultades para encontrarlo, son una restricción para las salidas a establecimientos del sector de la restauración. Entre quienes mantienen su puesto de trabajo, aparece una actitud más conservadora hacia el gasto, consecuencia de la incertidumbre general.
  2. Existe una percepción generalizada de pérdida de poder adquisitivo, el consumo se hace de una forma cada vez más reflexiva y las salidas fuera del hogar se valoran como un consumo extraordinario.
  3. Todos los segmentos entrevistados, buscan alternativas al consumo fuera del hogar o plantean formas de reducir el gasto en sus salidas (juntarse en casa con los amigos, por ejemplo)
  4. Supresión de algunos consumos a lo largo de la semana (vg. la caña de media tarde).
  5. Reducir el gasto entre semana, para hacerlo durante el fin de semana.
  6. Reducir el gasto consumo en los locales: platos más económicos, sustituir el vino por la cerveza, o por agua, no pedir postre…

Los participantes en este estudio fueron segmentados en cuatro grupos: jóvenes de 18 a 25 años, jóvenes de 26 a 35 años, adultos de 36 a 45 años y adultos-seniors de 46 a 65 años. Las principales pautas de comportamiento para cada uno de ellos, se sintetizan a continuación:

  • Jóvenes de 18 a 25 años: Son el conjunto más afectado por la crisis económica, porque han perdido su empleo o no lo encuentran. Les gusta salir de noche y, en general, gastan más en bebidas que en alimentos. Con la crisis, intentan seguir saliendo, pero con menor gasto por salida. Se consumen más bebidas en la calle y se organizan más fiestas en casa. Acuden a comer a los sitios más económicos. Ahorran llevándose la comida de casa a los centros de estudio o de trabajo; en algunos casos se benefician de los precios de restaurantes colectivos (por ejemplo, en universidades).

  • Jóvenes de 26 a 35 años: Prefieren salir a cenar con otras parejas; buscan sitios informales y económicos (bares de tapas, buffet libre, etc.), también se sienten atraídos por los restaurantes étnicos, restaurantes de diseño, así como por la comida más saludable. Como consecuencia de la crisis económica, tienden a ir a los mismos establecimientos pero con menor frecuencia. Se reúnen en más ocasiones para cenar en casa, especialmente con niños pequeños.

  • Adultos de 36 a 45 años: Las ocasiones para comer fuera de casa se adaptan a las salidas con los niños. Salen más a comer que a cenar y prefieren los fines de semana fuera de la ciudad. Optan por la comida tradicional y el tapeo, y suelen ir siempre a los mismos sitios por la familiaridad y el buen trato que reciben. Los hombres van a los bares con los amigos o los compañeros del trabajo. Las mujeres salen a comer con amigas y están más abiertas a la novedad (por ejemplo, restaurantes étnicos). Con la crisis económica, y de forma generalizada, disminuye la frecuencia de salidas para consumir alimentos y bebidas fuera del hogar.

  • Adultos-seniors de 46 a 65 años: Es el grupo menos afectado por la crisis económica. No obstante, muestran preocupación e incertidumbre por su futuro y el de los hijos, por lo que también son más precavidos en el gasto y tienden a ahorrar. Prefieren la cocina tradicional y como consecuencia de la crisis económica disminuyen la frecuencia de las salidas, aunque frecuentan los mismos sitios.
3. De forma complementaria, el estudio cuantitativo Tendencias y perspectivas del consumidor fuera del hogar, investiga los hábitos de consumo de los españoles fuera del hogar, y sus principales factores característicos. Se trata de una encuesta semestral sobre 14000 personas a partir de los 10 años, realizada un 50% de modo online y un 50% offline. Este trabajo concluye que durante los últimos meses se han reducido el consumo fuera de casa y el monto de gasto por visita a los establecimientos de restauración. Como contraparte se ha incrementado el gasto en  alimentación dentro del hogar.
Los resultados obtenidos reflejan un menor consumo fuera del hogar durante los fines de semana. Los consumos entre horas son los que más se reducen. Al mismo tiempo disminuye la demanda de productos con precios más elevados  y vuelven a consumirse productos más básicos.
Se efectúa una segmentación entre juniors (18 a 34 años) y seniors (45 a 64 años).

  • Juniors de 18 a 34 años: Durante los últimos meses han reducido su consumo fuera del hogar, ya sea de fines de semana, como a diario. El tique por comensal es aproximadamente un 10% inferior a la media (y menor respecto al año anterior). Se verifica que 6 de cada 10 consumos en establecimientos de cadenas aprovechan promociones, sobre todo, de precio y en los momentos de comida y cena. Prefieren establecimientos nocturnos, de comida rápida. Son el aperitivo y la comida los momentos que más eligen para comer fuera de casa.

  • Seniors de 45 a 64 años: Este grupo mantiene estable su consumo extradoméstico con respecto a momentos anteriores. Su tique por comensal es más alto que la media y, además, se incrementa respecto a periodos anteriores. Concentran sus salidas en fin de semana. Cuando consumen fuera del hogar lo hacen principalmente por motivos sociales y de ocio. Destacan por sus salidas a media mañana y en las comidas principales del día: comida y cena. Alta presencia de café y bebidas alcohólicas en sus consumos.